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Armas :  Los revólveres " Bulldog " y " Puppy " Eibarreses
Enviado por raulmoderador el 28/10/2008 20:07:54 (14 Lecturas)

Aunque traspasamos esta vez el límite cronológico de la época de la avancarga , me pareció interesante comentar este tipo de armas de bolsillo , tan abundantes en la segunda mitad del siglo XIX , conocidos como revólveres Bulldog .
 
Podreis ver muchos ejemplares de estas miniaturas a la venta  en webs de antiguedades y coleccionismo , ya que al igual que los revólveres de bolsillo Lefaucheux , se fabricaron millares en Europa , de calidades y modelos muy diversos , normalmente baratos . Hoy nos ocuparemos de los modelos fabricados en Eibar en las dos últimas décadas del siglo XIX .

La producción en Eibar de los revólveres “Bulldog”, presentados hacia 1878 por la firma inglesa “P. Webley & Son”, comenzó a inicios de la década de 1880, en variantes para cartuchos de espiga calibre 12 mm. y para los de cebo central, en calibres 38 y 44. En los primeros se mantuvo la varilla extractora de los Lefaucheux, los segundos se ajustaban en sus detalles a los ingleses, la varilla extractora se alojaba en el interior del eje del tambor.

De los dos tipos, su producción eibarresa se diría tan abundante como mediocre , ninguno de los talleres que los trabajaron, aspiró a acreditarse mediante una oferta de revólveres “Bulldog” de mayor calidad. Probablemente, todo intento de igualarlos siquiera a los de manufactura belga, supondría un coste superior al del precio a que se vendían estos .

Los revólveres definidos como “Puppy”, constituyen la evolución de los “Bulldog” hacia modelos más adecuados como armas de bolsillo. Su introductor en Eibar sería Ignacio Ibarzabal Iriondo, que en 1884 obtuvo patente por “Pistola revolver llamado Bull-Dog, por la que se suprime en el nuevo sistema el arco guardamonte y el disparador queda oculto”, solicitada por cinco años. En 1887 obtuvo otra, también solicitada por igual plazo, en que ya hacía referencia al revolver “Puppy”, si bien lo bautizaba “Puppiy”R, denominación que mantuvo en los comercializados por él.

La mayoría de los ejemplares de esta producción eibarresa, carecen de marcas que permitan identificar al constructor o comercial que los vendiera. Firmas importantes comon“Anitua y Charola” (1880-1898) y “Larrañaga, Garate y Cª” (1884-1891), incluyeron revólveres “Bulldog” en su oferta, probablemente adquiridos a otros talleres.

En la Colección del Museo Escuela de Armería de Eibar, la marca “Anitua y Charola” figura en un ejemplar , con inusual cañón largo (132 mm.), no menos mediocre que los convencionales anónimos. “Larrañaga, Garate y Cª” incluyó un “Bulldog” entre las armas con que, en 1888, concurrió a la Exposición Universal de Barcelona y Nicolás Bustinduy, en la reseña de lo presentado por esta firma, concluía afirmando: “el bulldog es el peor, pero como es el más barato, es lo más corriente… ajeno a la comicidad de tal comentario .

Los revólveres definidos como “Puppy”, constituyen la evolución de los “Bulldog” hacia modelos más adecuados como armas de bolsillo. Su introductor en Eibar sería Ignacio Ibarzabal Iriondo, que en 1884 obtuvo patente por “Pistola revolver llamado Bull-Dog, por la que se suprime en el nuevo sistema el arco guardamonte y el disparador queda oculto”, solicitada por cinco años. En 1887 obtuvo otra, también solicitada por igual plazo, en que ya hacía referencia al revolver “Puppy”, si bien lo bautizaba “Puppiy”, denominación que mantuvo en los comercializados por él.
En 1852, Ignacio Ibarzabal, hijo único de Gabriel Benito de Ibarzabal, había heredado la fábrica más antigua de Eibar, fundada a finales del siglo XVIII por su abuelo, Ignacio María de Ibarzabal y engrandecida por su padre, proveedor de armas de la Guardia Real de Fernando VII, así como de las guarniciones de latón y vainas de hierro, utilizadas por la Fábrica de Toledo en la producción de espadas y sables de caballería .No podía faltar su referencia entre los recuerdos de Julián Echeverría4, que decía de Ignacio Ibarzabal que fue educado en Inglaterra, siendo el introductor, en Eibar, del sistema de fileteado Whitworth .

Durante la década de 1860, la fábrica de Ignacio Ibarzabal y la de “Orbea Hermanos”, eran las que en Eibar merecían tal calificación, las únicas privadas que fueron contratadas para la transformación del armamento militar, con el cierre Berdan Md. 1867. Tras la Guerra Carlista, la de Ibarzabal no se recuperó. Destacado progresista, Ignacio Ibarzabal comandó el Batallón de Voluntarios de la Libertad, organizado en Eibar tras la Revolución de Septiembre y con él hubo de abandonar la Villa en 1873, al ser ocupada por los “facciosos”.
 
Regresó en 1876 con honores de vencedor, ocupando cargos políticos como el de Diputado a Cortes, su prestigio fue indiscutible, siendo el encargado de presentar, ante el Ministerio de Fomento, la solicitud para el restablecimiento del Banco de Pruebas.

No tuvo descendencia, desde 1880 hasta su fallecimiento, en 1891, figuraba en la Matrícula Industrial como propietario de un salto de agua, el de la antigua fábrica, en quetrabajaban por su cuenta varios armeros, así como por un taller que daba ocupación a dos operarios, no obstante, figuró entre las cuatro firmas armeras eibarresas, que en 1888 concurrieron a la Exposición Universal de Barcelona. Bustinduy lo decía presentando allí, una:

notable colección de variedades de escopetas de uno y dos cañones, entre las que son dignas de especial mención, las del sistema Greener de triple cierre y del sistema Hammerless de J. Webley …/… Este fabricante, no ha presentado de revólvers más que los sistemas a que se dedica, que son los llamados Puppy y Puppy Hammerless, que tienen la particularidad de presentar el disparador y el percutor ocultos, facilitando su uso en el bolsillo. En esta instalación aparecen también, magníficos bastones de madera con puñal y pistola, de perfecta construcción”.

Julián Echeverria anotaba: “en la época en que yo conocí a D. Ignacio Ibarzabal, poco antes de su muerte, había decaído notablemente, limitándose a la fabricación de escopetas en pequeñas series y exportación de armas cortas”, de la fabricación de sus revólveres “Puppiy”, se ocupaban el padre de Julián, José Cruz Echeverría y su hermano Bonifacio, 16 años mayor que Julián, en el taller propiedad de estos.

Ignacio Ibarzabal sería el único en utilizar la denominación “PUPPIY”, distando de serlo en lo que respecta a fabricar revólveres “Puppy”; otros talleres lo hicieron también, hasta los años 20 del pasado siglo.

Juan L. Calvó . EXTRAÍDO DE LA WEB : http://www.catalogacionarmas.com

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Armas :  El cachorrillo de percusión belga .
Enviado por raulmoderador el 9/10/2008 23:10:00 (40 Lecturas)

Desde que se inventaron los sistemas de dar fuego ( rueda , chispa ) a las armas, se comenzó también a reducir el tamaño de las mismas, destinadas exclusivamente para el uso civil.

En los siglos XVI y XVII no eran armas de fácil adquisición, es decir no estaban al alcance común de la gente, sino mas bien reservadas para las clases altas de la sociedad, que las utilizaban ocultas preparadas para defender su vida de los malhechores, ya sea en los viajes que emprendían o simplemente en una salida por la ciudad.

Entrado ya el siglo XVIII y debido a la demanda, comienzan a fabricarse dos modelos diferenciados: una para las personas que emprenden la marcha a bordo de diligencias por aquello caminos maltrechos y aislados, donde era indispensable llevar una en su equipaje con todos sus accesorios para su carga, u oculta en los grandes bolsillo de los capotes y abrigo de viaje.

La segunda arma que empezó a producirse era de líneas mas reducidas, comenzó a denominársela “cachorrillo” que representa un arma de menor tamaño que la pistola de viaje
Con la aparición del nuevo sistema de ignición de pistón en el siglo XIX, que simplifica el mecanismo y reduce el tamaño del mismo, el mercado se ve inundado de estas armas, la mayoría de fabricación inglesa y belga.

Los gatillos se hacen abatible y ocultables, reduciendo aun mas el tamaño de las armas; en este tiempo comienzan a fabricar armas con el martillo percutor colocado en la parte inferior del cañón, delante del arco del guardamontes, que además sirve de muelle real percutor, evitando de esta manera que el arma pueda engancharse con el borde del bolsillo u otra prenda de vestir, asegurando y aumentando la velocidad de empuñe, esto se mantiene hasta pasado la mitad del siglo XIX, donde comienzan a surgir los primeros revólveres de percusión, que también disminuyen de tamaño .

ARTÍCULO TOMADO DE LA WEB : http://coleccionrosatto.blogspot.com

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Documentos : Sobre tácticas de combate de los ejércitos europeos en el siglo XVIII
Enviado por raulmoderador el 6/10/2008 22:50:00 (93 Lecturas)
Documentos

Hubo pocos cambios tácticos y estratégicos en el siglo XVIII. Los ejércitos formaban todavía una masa única e ininterrumpida en el frente, carecían de homogeneidad organizativa, estaban compuestos por elementos nacionales y extranjeros, apenas existía espíritu combativo y existían numerosos motivos de deserción.

La decadencia de la maquinaria militar se debía a inadecuados recursos financieros y materiales, a la especial composición social de los mandos, soldados y marineros y, en especial, a la permanencia de los convencionalismos. Las formaciones lineales obligaban a complejos movimientos para alcanzar la mayor eficacia en las acciones de fuego y recarga. Por lo general, los batallones se consideraban estáticos, tras los que se reagrupaba la caballería después de la primera carga, y mantenían la ordenación en cuatro o cinco filas, herencia de los tiempos de la pica, con la consiguiente pérdida de potencial de fuego y lentitud de desplazamientos.

Fueron los británicos los primeros en la utilización de los disparos de pelotón, consistente en que cada uno hiciese tres descargas consecutivas, en vez de las andanadas por líneas, compañías o batallones, para, por último, ordenar un asalto de bayoneta. Las ventajas resultaban evidentes: aumento de la continuidad y control de la situación, amplia participación de los suboficiales, importante presión sobre el enemigo porque una tercera parte estaba siempre disparando y facilidad para repeler cualquier ataque sorpresa al disponer de un tercio de las armas cargadas. Pronto estas tácticas se adoptaron en toda Europa y se comprobaron las posibilidades de la ofensiva en los campos de batalla, aunque la inercia de una política defensiva neutralizaba en gran parte esos efectos.

Por la vigencia del viejo estilo militar, se utilizaban, especialmente, las tácticas de sitio; así, se impuso la contravalación, o líneas de trincheras dirigidas contra la ciudad sitiada, y la circunvalación, o trincheras defensivas para entorpecer cualquier agresión de un ejército que quisiese liberar una fortaleza. Cuando faltaba una rendición honrosa, el siguiente paso consistía en el asalto directo por la brecha, si bien eran poco frecuentes por las numerosas pérdidas humanas y el acatamiento de los acuerdos internacionales sobre plazos para la claudicación.

No cabe duda de que los sitios representaban gastos en preparativos y frenaban la guerra activa, lo mismo que otros procedimientos tácticos habituales, como las inundaciones o los puestos de avanzadilla. En tales ocasiones, la victoria, derrota o el punto muerto de la campaña se debía a la profesionalidad del mando y al número de sus efectivos, pues los equipos, armas y planes se parecían en casi todos los ejércitos.

El desarrollo de una campaña comenzaba con la agrupación de las tropas en las cercanías de una fortaleza, aprovisionada durante el invierno anterior. El lugar seleccionado para la concentración era supervisado por un alto cargo, asesorado por oficiales de la totalidad de los regimientos, que determinaba los puestos clave y las líneas de ataque. Los flancos del campamento se destinaban a la caballería, separada por escuadrones, mientras que la infantería se situaba en doble línea de acantonamiento y cada batallón tenía asignado un frente de 100 metros. La artillería quedaba delante o detrás de la posición principal, siendo protegida por una guardia específica.

Otras prácticas habituales consistían en la construcción de empalizadas y terraplenes en los campamentos permanentes, la fijación de emblemas y estandartes, la organización de piquetes y cuerpos especiales de vigilancia bajo la supervisión del mariscal de campo, la delimitación de los sectores en el campo de cada regimiento por los suboficiales antes de la llegada del resto del ejército y la colocación de la intendencia en los lugares más accesibles. La planificación de cada día de marcha recaía sobre el lugarteniente de la jornada y el comandante de campo, si bien debía aprobarse por el comandante en jefe.

En condiciones normales de avance, la reserva, la artillería y los suministros ocupaban el centro, por los mejores caminos, y las otras columnas seguían sendas paralelas o campo a través, encabezadas por destacamentos de ingenieros. Si existía peligro, los ejércitos caminaban en orden de batalla y su formación dependía de la marcha del enemigo: cuando se situaba delante, se organizaba en alas con la caballería del flanco derecho e izquierdo en columnas y la artillería y la infantería en una columna central; cuando se situaba en el flanco, por líneas y cada columna formaba un orden completo de batalla, la caballería en los extremos y la infantería en el centro.

Las tácticas fijas restaban numerosas posibilidades, pues los elaborados planes requerían mucho tiempo y ambos bandos podían retirarse, en caso necesario, a otra posición. Formada la línea de batalla, marchaba con lentitud hacia el frente y rectificaba continuamente la alineación. Por medio de la disciplina se conseguía que la infantería disparase en segundo lugar, después de la enemiga, pues se consideraba pernicioso ser los primeros. Tras la batalla, la preocupación del general era el mantenimiento del orden de combate, muy difícil por las irregularidades de la orografía y el desconcierto.



ARTÍCULO EXTRAÍDO DE LA WEB : www.artehistoria.jcyl.es

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Armas : Armamento que portaban los buques de la Real Armada. El cañón
Enviado por raulmoderador el 30/9/2008 18:10:00 (74 Lecturas)
Armas

Mover un cañón de a 24 o a 36 libras, los más grandes que portaba un navío, no era cosa fácil. Los más grandes pesaban casi 4 toneladas, incluídos los 900 kilos de la cureña, lo que hacía difícil y sobre todo muy pesado, poder maniobrar estas moles de hierro para cargarlos o limpiarlos. No era raro que en el movimiento en alta mar se destrincaran, provocando un desastre si no se era capaz de detener el cañón, que libremente, iba de una banda a otra convirtiéndose en un ariete de varias toneladas, que aplastaba lo que se pusiera por delante. Para evitar esto los cañones se trincaban de forma férrea cuando no eran utilizados. Normalmente se trincaba el cañón abatiportado, esto es con la boca del cañón encajada en la parte superior de la porta y trincado con sus aparejos de tal forma que estaba perfectamente inmovilizado y no podía desplazarse. Los artilleros montaban entonces sus mesas y asientos con tablas entre el espacio que dejaban entre cada cañón para el rancho.

Cuando el cañón no estaba en son de combate, y para evitar que los cañones pudieran moverse a consecuencia de tempestades o por el normal cabeceo del buque, estos eran trincados de manera que fueran inmovilizados totalmente sin peligro para ningún tripulante. Había varias formas de hacer esto, la más común era el cañón abatiportado y la otra era abretonado

Pesos y medidas de los diferentes calibres de los cañones.

La libra española y la francesa eran sensiblemente de más peso que la libra inglesa. Así una bala de a 36 libras francesas equivalía a 38,8 libras inglesas. Una de 24 libras francesas era equivalente a 25,9 libras inglesas y una de 18 a 19,4 libras inglesas. La libra francesa no difería mucho de la libra española, aunque está última era un poco más ligera. Cuando se empezó a estudiar en España el cambiar el pesado calibre de a 36 libras por el de 30, sobre todo en los cañones recamarados y los obuses de Rovira, se estaba intentando aligerar en algo el peso del proyectil sin perder nada de potencia o poder destructivo para hacer más manejables los cañones más pesados. El calibre de 30 libras español equivalía prácticamente al 32 inglés. Con lo cual se tenía ya visto a este calibre inglés como mucho más efectivo que el pesado 36 libras. Los obuses del calibre 30 fueron ampliamente utilizados en la Armada.

Cada tipo de proyectil, ya sea bala rasa, metralla o palanqueta tenían diferentes calibres para cada tipo de cañón. Los diferentes tipos de proyectiles son empleados, según la táctica escogida:

La bala normal, para traspasar los cascos; eran simples masas esféricas de hierro colado. Una bala de 36 libras y 15º de elevación podía alcanzar los 3.326 metros; la de 24 libras 3.113 metros; la de 18 libras 3.028 metros; la de 12 libras 3.071 metros y la de 8 libras 3.100 metros. Estos últimos con gran alcance eran utilizados como cañones de mira o de caza. Aunque el alcance efectivo no pasaba de más de mil metros.

La palanqueta podía ser: a la española, con dos balas unidas por una barra, a la francesa, dos medias balas unidas de la misma forma, y a la inglesa, que consistía en una masa de hierro batido o colado compuesto de dos pirámides hexagonales truncadas y de un prisma también hexagonal, que las unía por sus bases menores. A finales de siglo la Real Armada española adoptó este tipo de palanqueta a la inglesa, por ser más efectiva. El alcance de la palanqueta era de un tercio del de la bala. Por ello la experiencia hacía preferir la palanqueta a la bala en distancias menores a 400 metros, pues producía mayores estragos al arrancar grandes astillas a las maderas y poseía más probabilidad de conseguir un desarbolo .

La metralla se componía de conjuntos de balas pequeñas como las de fusil, o trozos de hierro apilados y sujetos a un platillo por medio de un saquillo de loneta. El saquillo de metralla para cañones de a 36 libras se formaba con cinco tongas de a cinco balas de una libra y media cada una. El alcance de la metralla era de dos tercios del de la bala. Churruca recomendaba no tirar metralla a distancias superiores a 400 metros, por espaciarse demasiado los proyectiles, sólo balas a partir de los 600 metros y con doble munición, palanqueta y metralla dentro del mismo tiro, a tiro de pistola o tocapenoles. Esta última modalidad de disparo representaba un evidente riesgo de que reventase el cañón, si no era dosificada convenientemente la carga de pólvora. Los ingleses, no obstante, acostumbraban a emplear dos balas en este caso.

El tiro con balas calentadas al rojo sobre un brasero, pero la maniobra es rara debido a los riesgos de incendio.

Las granadas se cargaban de pólvora negra fina y se activaban en el momento del disparo.

Con objeto de incendiar una embarcación en caso necesario, cada navío estaba provisto de camisas de fuego, consistentes en unos telares de forma cuadrangular sobre los que se adosaban saquetes de lienzo y lona con pólvora en su interior y recubiertos de betún; para su empleo había que unirlas con cadenotes al costado que se pretendía quemar, y , después de acuchillar el artilugio, se encendía la mecha. Los frascos de fuego eran de vidrio delgado con forma de calabaza, rellenos de pólvora, el tapón recubierto de cera y dotados de mecha; se arrojaban en la cubierta del enemigo durante los abordajes, como si fueran granadas de mano y con el mismo designio, provocar incendios.

En el artículo de la Revista General de Marina titulado "Presencia de la Marina en los combates del puente Sampayo" de Carlos Martínez-Valverde hay un pasaje en el que una batería de dos cañones marinos de a 24 libras son utilizados para su servicio en tierra contra los franceses en 1809. El oficial del Ejército Ruibal está al mando de dichas piezas. Para ver el modo de sentir y de actuar de la gente de mar de la batería de a 24, tomemos la palabra de Ruibal:

“El fuego se generalizó —dice—. Los marineros de mi batería introducían en los cañones, sobre la bala de a 24, una palanqueta y, sobre ella, un saco de metralla. La pólvora que tenía que vencer aquella carga monstruosa la despedía con detonaciones espantosas.

Los artilleros del Ejército temían reventaran las piezas, pero los marineros decían que no aumentando la pólvora no hay peligro.

El piloto me dijo —sigue Ruibal—: Esté usted sin cuidado, los cañones no revientan. En la guerra que tuvimos con los ingleses sostuvimos muchos combates navales, y cuando nos acercábamos al abordaje cargábamos siempre como usted ve, y nunca reventó un cañón. Créame, no aumentando la carga de pólvora, no hay cuidado; entre nosotros suele decirse: «pólvora, poca, y metralla, hasta la boca».

Si podemos matar de un cañonazo diez enemigos, ¿por qué hemos de matar sólo cuatro?”. Sigue Ruibal: “Era tan violento el estruendo de las dos piezas que a cada disparo sentía un dolor intenso en los oídos. A mediodía yo y mis tiradores estábamos casi sordos”.

Herramientas para el uso del cañón:

- Atacador
Era la herramienta que empujaba los cartuchos, bala y taco de estopa al interior del ánima del cañón. Había otra versión flexible para su utilización cuando por causa del mar o la imposibilidad de abrir la porta por cualquier otra razón había que dejar el cañón cargado.

Esponja

- Esponja
La esponja se mojaba con agua y refrescaba el ánima tras un disparo, lo cual servía además para apagar los posibles rescoldos de pólvora que eran un verdero peligro si no era bien limpiado el arma, ya que de no ser así podía explotar cuando se metiera un nuevo cartucho de pólvora en el interior.

Cepillo

- Cepillo
Para mantener el ánima del cañón bien limpia, tras la esponja se pasaba el cepillo para retirar la suciedad acumulada tras el disparo.

Rascador

- Rascador
Si había que sacar del ánima del cañón el taco, proyectil y pólvora que por cualquier motivo no habían sido disparados, se utilizaba esta herramienta.

pie de cabra

- Espeque y pie de cabra
El pie de cabra era una fuerte barra de hierro que se utilizaba para poder frenar el cañón cuando este retrocedía tras un disparo, para ponerlo de nuevo en batería y para orientar el cañón cuando se iba a disparar siguiendo las indicaciones del cabo de cañón. Los utilizaban dos sirvientes, uno a cada lado del arma. Los espeques eran barras de madera que se utilizaban para auxiliar en el movimiento.

Botafuego

- Botafuego
Antes de la invención de la llave de artillería se aplicaba la ignición del cañón mediante este sistema de mecha encendida sobre un chifle de madera. Era menos seguro porque se corría el riesgo de que se apagara por diferentes causas y hacía más lento el disparo del cañón, con la imprecisión y problemas que podía acarrear esto en pleno combate.

Botafuego experimental

- Botafuego experimental
Es de llave de chispa con forma de pequeño fusil estilizado; empleado para dar fuego, desde cierta distancia, a las piezas de artillería. Posiblemente fue un artilugio experimental ideado en Cartagena por Francisco Martínez hacia 1780, para sustituir el procedimiento de chifle y mecha en vigor en todas las marinas de aquella época. La atribución viene dada por la leyenda Martínez que lleva el botafuego en una chapa. Foto y texto del Museo naval Madrid.

- Llave de fuego o de artillería
Constituida por una llave de chispa de fusil montada sobre un soporte de madera, que se hacía firme a la pieza por medio de dos fajas de loneta. Inicialmente se colocaba a la izquierda del oído para no variar la posición de los sirvientes del cañón cuando se empleaba el chifle y la mecha, porque el que tapaba el oído estaba siempre a la derecha, y el que daba fuego al cañón, a la izquierda. Se atribuye su invento al capitán de navío británico sir Charles Douglas que lo aplicó en el Duke, de 98 cañones, cuando lo mandó de 1778 a 1781. Foto Museo Naval de Madrid.

Su uso en la Real Armada se produjo tras la desgraciada batalla de San Vicente en 1797, en la que todos los buques británicos las llevaban y se demostraba su superioridad al botafuego. Cosme Damián Churruca, fue el encargado, a instancias de Mazarredo, de examinar algunas llaves de artillería para poder introducirlas en la Real Armada y modernizarse en este apartado.

Churruca ideó una llave que parecía aventajarse a la que utilizaban otras marinas extranjeras, por lo que fueron aceptadas y aprobadas, comunicando por R.O. del 14 de abril de 1801 para que se generalizase su uso en los buques de S.M.

Sólo hasta finales de 1804 Grandallana no ordenó su construcción con prontitud y en cantidades masivas, pero no dio tiempo a hacer tal cantidad de llaves necesarias para armar tantos buques en tan poco tiempo y sólo pudieron prepararse varios navíos con este tipo de llave. El resto de la flota tuvo que llevar llaves de pistola o fusil montadas sobre tacos de madera, como se muestra en la fotografía. A pesar de ello Churruca señaló que durante la batalla de Finisterre, que aún con estas llaves sustitutivas eran preferibles a tener que disparar mediante el botafuego.

Cómo se disparaba un cañón

El disparo de un cañón implicaba un número fijo de pasos que los artilleros debían ejecutar de manera casi mecánica para poder hacer una regular cadencia de tiro. Cada uno de estos pasos era importante, por lo que no podían saltarse sin riesgo de explosión del cañón o de cartuchos debido a la imprudencia o mal manejo. De ahí la importancia del ejercicio de carga y disparo del cañón de forma regular por las tripulaciones.

Un cañón de 24 libras o de 36, los más grandes y pesados que portaba un navío, eran manejados cada uno por entre 8 y 14 hombres, dependiendo si se disparaba por una banda o las dos a la vez. La dotación de un cañón manejaba dos cañones. El de estribor y su espejo de babor. Normalmente se disparaba por una sóla banda, pero en caso de tener que disparar por las dos se dividían los hombres y se ayudaban entre ellos para cargar los dos cañones.

  • "El señalamiento y destino para el servicio de la artillería será solo respectivo a los cañones de una banda". (art. 5, título quinto de las ordenanza )

Artículo extraído de la web www.todoavabor.es


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Armas :  Arcabuceros y mosqueteros en los tercios españoles del siglo XVI
Enviado por raulmoderador el 19/9/2008 18:04:30 (87 Lecturas)

El arcabucero estaba provisto de un arna de fuego portátil, el arcabuz, y como todos de los infantes una espada y una daga. Para defenderse solía tener una prenda de cuero que cubría el tronco del cuerpo y un casco de tipo morrión (al menos en el siglo XVI). Además de esto equipos el arcabucero llevaba una bandolera con  12 estuches rellenos de pólvora negra dosificada ( los "doce apóstoles " ), una bolsa con mechas, eslabón y pedernal para encenderla y balas de plomo. Por fin el arcabucero llevaba también un frasco con la pólvora de reserva, un frasco más pequeño o frasquito con pólvora negra fina, una baqueta de madera con la que atacar el cañón  y un rascador para limpiarla.

      El nombre de arcabuz viene del alemán Hachenbusche y corresponde al nombre de un arma de fuego portátil  hecha por un cañón de hierro montado sobre un afuste de madera de 0,9 a 1,0 metro. El disparo se producía por medio de una mecha que encendía la pólvora a través de un mecanismo denominado serpentín. Esta arma pesa normalmente 7 kg y dispara una bala de plomo de 22 - 24 gramos. La portada máxima del arcabuz solía ser de 100 metros pero el tiro efectivo no pasaba de 25-30 metros. Esta arma tenía también una cadencia de tiro bajo de 2-3 tiros al minuto pero su manejo podía aprenderse rápidamente .


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